QUINTO DÍA
LA SANACIÓN
Cuando salieron de Jericó, mucha gente siguió a Jesús.
Había dos ciegos sentados al borde del camino y, al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».
La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».
Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: « ¿Qué quieren que haga por ustedes?».
Ellos le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».
Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Inmediatamente, recobraron la vista y lo siguieron.
Mateo 20,29
Súplica
Me coloco hoy también en tu camino para suplicar: Jesús, Hijo de David, ¡ten piedad de mí! Señor, vuelve a mi tu mirar y mira como mi cuerpo, mi mente y mi alma necesitan urgentemente de sanación. Impone sobre mi tus manos milagrosas y realiza esta sanación profunda y total que tanto espero para poder servirte más y mejor. Amén.
Repite con mucho fervor, muchas veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico mi sanación profunda y total.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora.
Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas.
Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
LA SANACIÓN
Cuando salieron de Jericó, mucha gente siguió a Jesús.
Había dos ciegos sentados al borde del camino y, al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».
La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».
Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: « ¿Qué quieren que haga por ustedes?».
Ellos le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».
Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Inmediatamente, recobraron la vista y lo siguieron.
Mateo 20,29
Súplica
Me coloco hoy también en tu camino para suplicar: Jesús, Hijo de David, ¡ten piedad de mí! Señor, vuelve a mi tu mirar y mira como mi cuerpo, mi mente y mi alma necesitan urgentemente de sanación. Impone sobre mi tus manos milagrosas y realiza esta sanación profunda y total que tanto espero para poder servirte más y mejor. Amén.
Repite con mucho fervor, muchas veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico mi sanación profunda y total.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora.
Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas.
Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
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