CUARTO DÍA
LA PUREZA
“Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.”
Mateo 19, 13-15
Súplica
Jesús, vuelve tu mirar a mi infancia, cuando solo había pureza en mí. Dame de nuevo aquel corazón puro.
Contigo sé que eso es posible. Con tus manos purísimas, purifica mi interior y devuélveme la alegría de hacer de este pobre corazón tu morada. Amén.
Repite con mucho fervor, muchas veces:
Jesús, por el poder de tu Sangre Redentora, suplico que purifiques mi corazón.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
LA PUREZA
“Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.”
Mateo 19, 13-15
Súplica
Jesús, vuelve tu mirar a mi infancia, cuando solo había pureza en mí. Dame de nuevo aquel corazón puro.
Contigo sé que eso es posible. Con tus manos purísimas, purifica mi interior y devuélveme la alegría de hacer de este pobre corazón tu morada. Amén.
Repite con mucho fervor, muchas veces:
Jesús, por el poder de tu Sangre Redentora, suplico que purifiques mi corazón.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario