miércoles, 21 de febrero de 2024

35-40 Marzo 22, 1938

 35-40 Marzo 22, 1938

 En cuanto la criatura se decide a vivir en el Divino Querer, todas las cosas se cambian para ella, y viene puesta en las mismas condiciones divinas. Para qué servirán los hijos del Fiat Divino, y cómo llevarán en ellos la Vida de su Padre Celestial. La última espía de amor en el punto de la muerte.

(1) Continúo mi vuelo en el Querer Divino, conforme se entra en Él se siente su aire balsámico, sus olas pacíficas, todo es paz, su fuerza es tanta, que el alma se siente investir por tal fuerza, que en un instante puede hacer todo, llegar a todo, hasta hacer lo que hace el mismo Dios. ¡Oh Voluntad Divina, cómo sabes cambiar la voluntad humana, tu potencia es tanta que renuevas a la pobre criatura, la haces renacer a vida nueva! Mientras estaba en esto, mi amable Jesús haciéndome su breve visita, todo ternura me ha dicho: (2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, en cuanto la criatura se decide a vivir en mi Querer, todas las cosas cambian para ella, nuestro dominio divino la inviste y la hacemos dominadora de todo: Dominadora de nuestra fuerza, de la bondad, de nuestra santidad, dominadora de la luz; Cielos y tierra por derecho son suyos. La ponemos en una atmósfera de seguridad, de paz imperturbable, nada debe faltarle de bueno, de santo, de bello, de alegrías divinas a esta criatura que vive en nuestro Querer; sus más pequeños actos están llenos de tales contentos, que raptan la sonrisa de todo el Cielo y de nuestro mismo Ente Supremo, por eso estamos todos atentos para ver cuándo ama, cuándo obra, para gozárnosla y sonreír juntos. Es tanto nuestro amor que la ponemos en nuestras mismas condiciones: Nosotros si no somos amados, amamos; si no recibimos la atención de las criaturas, y tal vez aun somos ofendidos, continuamos dando vida, y si la criatura regresa pidiéndonos perdón, no le hacemos ningún reproche, nos la abrazamos y nos la estrechamos a nuestro seno divino. Así que se puede decir que el hombre se puede fiar solamente de Nosotros, porque en las criaturas no sólo no puede fiarse, sino que encontrará mutabilidad, engaños, y cuando crea poderse apoyar le vendrán a menos. Ahora, también se puede fiar de quien vive en nuestra Voluntad, pues ella hará como hacemos Nosotros: No amada, amará; no estimada y ofendida, correrá al lado de quien la ofende para ponerla a salvo. Nosotros nos sentimos a Nosotros mismos en quien vive en nuestro Querer, y por eso la amamos tanto que no hacemos otra cosa que verter torrentes de amor sobre de ella, para ser amados siempre más con doble y creciente amor”. (3) Después ha agregado con amor más tierno y conmovedor: (4) “Hija mía, toda la Creación fue hecha en un desahogo de nuestro más intenso amor, por eso los hijos de nuestro Fiat servirán a la necesidad de nuestro amor. Mi amor siente la necesidad de desahogarse, de otra manera nos sentimos sofocar en nuestras llamas. He aquí la necesidad de los hijos de nuestro Querer, como desahogo continuo de nuestro amor; Nosotros mismos las pondremos en nuestras condiciones de sentir la necesidad de desahogarse en amor con Nosotros, y nos desahogaremos mutuamente. Entonces, así como comenzó la Creación en un desahogo de nuestro amor, así la cerraremos junto con nuestros hijos, en un desahogo de amor. Estos hijos nuestros servirán a la completa gloria de toda la Volumen 35 68 Creación; no sería obra digna de Nosotros si no rescatásemos la gloria que las criaturas nos deberían dar por haber creado tantas cosas por amor de ellas. Pero además está el punto más alto, más noble, santo y sublime, o sea, que todo lo creamos para que todo fuese encerrado y animado por nuestra Voluntad. Entonces, tal como la sacamos, así nos debe regresar, en nuestro Fiat adorable. Si no hiciéramos esto, parecería que no tenemos potencia suficiente con la que todo podemos hacer, amor con el que todo podemos vencer, sabiduría con la que de todo podemos disponer. Así que los hijos de nuestro Querer servirán para hacernos cumplir nuestra Voluntad en ellos, y por eso ellos serán nuestra gloria, nuestro triunfo, nuestra victoria; serán nuestros verdaderos hijos que llevarán no solamente nuestra imagen, sino la Vida del mismo Padre Celestial como Vida propia, residente en ellos. Estos nuestros hijos serán Vida nuestra, cielos nuestros, soles nuestros, y ¡oh, cómo nos deleitaremos de crear en ellos vientos que soplen amor, mares que murmuren te amo, te amo! Todo encontraremos en ellos, no habrá más diversidad entre el Cielo y la tierra, para Nosotros formarán una sola cosa, tanto tenerla con Nosotros en el Cielo, como tenerla con Nosotros en la tierra. Por eso la cosa que más te debe interesar es el vivir en nuestro Querer Divino; nuestro amor encontrará su reposo, su desahogo, su paz en ti, y el principio de nuestra felicidad sobre la tierra en el corazón de la criatura. Nuestra Voluntad te estará siempre encima para hacer crecer nuestra Vida en ti, y nuestro amor te dará su aliento continuo para amarte siempre con nuevo amor, y para recibir el tuyo como desahogo y correspondencia del suyo”. (5) Después de esto, mi amado Jesús ha agregado con una ternura indecible, que me hacía sentir como si se me rompiese el corazón: (6) “Hija mía buena, el decirte qué cosa hace mi Voluntad con la criatura, cómo está con ella, si todos lo supieran se arrojarían en sus brazos sin separarse jamás. Tú debes saber que Ella la hace de verdadera Mamá, con sus manos creadoras la crea y la hace concebir en el seno materno, jamás la deja sola ni siquiera un instante; en este seno materno, como dentro de un sagrario la forma, le da el uso de los miembros, la hace crecer con su aliento, le da el calor, y cuando la ha formado bien la hace nacer a la luz del día, pero jamás la deja sola, más que una madre le está siempre encima, la vigila, la asiste, le da el movimiento, la articulación a los miembros, el respiro, el latido, y conforme crece le da el uso de la palabra, el paso a los pies; no hay cosa que haga la criatura que no la haga junto con ella para darle el uso de la vida humana. Así que el principio de la vida humana, tanto del alma como del cuerpo, es formado por mi Voluntad, y Ella se queda dentro, como en un refugio, para darle vida perenne. (7) Ahora hija mía, hasta en tanto que no comienza la culpa en la criatura, todo es Voluntad mía, y en cuanto comienza la culpa, así comienzan las lágrimas, los dolores de esta Madre Celestial. ¡Oh, cómo llora por su hijo! Pero no lo deja, su amor la ata a vivir en aquella criatura para darle vida, y si bien se siente como sofocar su Vida Divina, la cual ni siquiera es conocida ni amada, su amor es tanto que sigue su Vida, aunque la ofendiese, para darle una sorpresa de amor para salvar a su hijo. Nuestra bondad, nuestro amor es tanto, que intentamos todos los caminos, usamos todos los medios para arrancarlo del pecado, para ponerlo a salvo, y si no lo logramos en vida, le hacemos la última sorpresa de amor en el punto mismo de la muerte. Tú debes saber que en aquel punto es la última espía de amor que hacemos a la criatura, la circundamos de gracias, de luz, de bondad; ponemos tales ternuras de amor, de ablandar y vencer los corazones más duros, y cuando la criatura se encuentra entre la vida y la muerte, entre el tiempo que termina y la eternidad que está por comenzar, casi en el acto en el que el alma está por salir del cuerpo, Yo, tu Jesús, me hago ver con una amabilidad que rapta, con una dulzura que encadena y endulza las amarguras de la vida, especialmente las de aquel punto extremo; después la miro, pero con tanto amor de arrancarle un acto de dolor, un acto de amor, una adhesión a mi Voluntad. Ahora, en aquel punto de desengaño, al ver, al tocar con la mano cuánto la hemos amado y la amamos, sienten tal dolor Volumen 35 69 que se arrepienten de no habernos amado, y reconocen nuestra Voluntad como principio y cumplimiento de su vida, y como satisfacción aceptan la muerte, para cumplir un acto de nuestra Voluntad. Porque tú debes saber que si la criatura no hiciera ni siquiera un acto de Voluntad de Dios, las puertas del Cielo no son abiertas, ni es reconocida como heredera de la patria celestial, ni los ángeles ni los santos la pueden admitir entre ellos, ni ella quisiera entrar, porque conocería que no le pertenece. Por eso, sin nuestra Voluntad no hay ni santidad verdadera ni salvación, y cuántos son salvados en virtud de esta nuestra última espía toda de amor, excepto los más perversos y obstinados, si bien les convendrá hacer una larga etapa de purgatorio. Por eso el punto de la muerte es nuestra pesca diaria, el reencuentro del hombre extraviado”. (8) Después ha agregado: “Hija mía, el punto de la muerte es la hora del desengaño, y todas las cosas se presentan en aquel punto, la una después de la otra, para decirle: ‘Adiós, la tierra para ti ha terminado, comienza la eternidad’. Sucede para la criatura como cuando se encuentra encerrada en una habitación y le es dicho que detrás de esta habitación hay otra, en la cual está Dios, el paraíso, el purgatorio, el infierno, en suma, la eternidad, pero ella nada ve, escucha que otros se lo aseguran, pero como aquellos que lo dicen tampoco lo ven, lo dicen de tal manera que casi no se hacen creer, no dando una gran importancia para hacer creer con realidad, con certeza, lo que dicen con las palabras, pero un buen día caen los muros y ve con sus propios ojos lo que antes le decían, ve a su Padre Dios que con tanto amor la ha amado, ve uno por uno los beneficios que le ha hecho, ve cómo están lesionados todos los derechos de amor que le debía, ve cómo su vida era de Dios, no suya, todo se le pone delante: Eternidad, paraíso, purgatorio, infierno; la tierra le huye, los placeres le voltean la espalda, todo desaparece, y solamente queda presente lo que está en aquella estancia de la cual han caído los muros, lo cual es la eternidad. ¡Qué cambio sucede para la pobre criatura! Mi bondad es tanta por querer a todos salvados, que permito que estos muros caigan cuando las criaturas se encuentran entre la vida y la muerte, entre el salir el alma del cuerpo para entrar en la eternidad, a fin de que al menos hagan un acto de dolor y de amor, y reconozcan a mi Voluntad adorable sobre de ellas. Puedo decir que les doy una hora de verdad para ponerlas a salvo. ¡Oh, si todos supieran mis industrias de amor que hago en el último punto de la vida, a fin de que no huyan de mis manos más que paternas, no esperarían llegar a aquel punto, sino que me amarían por toda la vida!” + + + +

19-59 Septiembre 13, 1926

19-59 Septiembre 13, 1926

 El Ser Divino es equilibrado. El don del Fiat Divino pone todo en común. La justicia en el dar quiere encontrar el apoyo de los actos de las criaturas.


 (1) Después de haber hecho mi acostumbrado giro en el Supremo Querer, rogaba al buen Jesús, a nombre de su Creación y Redención, a nombre de todos, desde el primero hasta el último hombre, a nombre de la Soberana Reina y de todo lo que Ella hizo y sufrió, que el Fiat Supremo fuese conocido, a fin de que se establezca su Reino con su pleno triunfo y dominio. Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “Si Jesús mismo quiere y ama tanto que su Reino sea establecido en medio a las criaturas, ¿por qué quiere que con tanta insistencia se ruegue? Si lo quiere lo puede dar sin tantos actos continuos”. Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho: (2) “Hija mía, mi Ser Supremo posee el perfecto equilibrio, y también en el dar a las criaturas mis gracias, mis dones, y mucho más con este Reino del Fiat Supremo, que es el don más grande que Yo ya había dado en el principio de la Creación y que el hombre con tanta ingratitud me rechazó. ¿Te parece poco poner a disposición suya una Voluntad Divina con todos los bienes que Ella contiene, y no por una hora o por un día sino por toda la vida? ¿Te parece poco que el Creador ponga en la criatura su Voluntad adorable para poder poner en común su semejanza, su belleza, sus mares infinitos de riqueza, de alegrías, de felicidad sin fin? Y sólo con poseer nuestra Voluntad la criatura podía adquirir los derechos de comunidad, de semejanza y de todos los bienes de su Creador, sin Ella no puede haber derecho de comunidad con Nosotros; y si alguna cosa toma, son apenas nuestros pequeños reflejos y las migajas de nuestros interminables bienes. Ahora, un don tan grande, una felicidad tan inmensa, un derecho de semejanza divina con la adquisición de la nobleza de nuestra filiación, ¡rechazados! ¿Crees tú que sea cosa fácil que la Soberanía Divina, sin ser rogada, sin que ninguno se diera un pensamiento de recibir este reino del Fiat Supremo, lo dé a las criaturas? Seria repetir la historia que sucedió en el Edén terrestre, y quizá peor, y además nuestra justicia se opondría justamente. Por eso todo lo que te hago hacer, los continuos giros en el Querer Supremo, tus oraciones incesantes por que venga a reinar mi Voluntad, tu vida sacrificada por tan largos años, en los cuales no sabes ni del Cielo ni de la tierra, dirigida al único fin de que venga mi Reino, son tantos apoyos que pongo delante a mi justicia para que ceda sus derechos y equilibrándose con todos nuestros atributos, encontrase justo que el Reino del Fiat Supremo sea restituido a las generaciones humanas. Esto sucedió en la Redención, si nuestra justicia no hubiese encontrado las plegarias, los suspiros, las lágrimas, las penitencias de los patriarcas, de los profetas y de todos los buenos del antiguo testamento, Volumen 19 94 y además una Virgen Reina que poseía íntegra nuestra Voluntad, que tomó todo con el máximo interés con tantas plegarias insistentes, tomando Ella todo el trabajo de la satisfacción de todo el género humano, nuestra justicia jamás habría cedido al descendimiento del suspirado Redentor en medio a las criaturas. Nuestra justicia habría sido inexorable y habría dicho un ‘no’ rotundo a mi venida a la tierra. Y cuando se trata de mantener el equilibrio de nuestro Ser Supremo, no hay nada qué hacer. Ahora, ¿quién ha rogado hasta ahora con interés, con insistencia, poniendo el sacrificio de la propia vida, para que el Reino del Fiat Supremo venga sobre la tierra y triunfe y domine? ¡Ninguno! Es verdad que la Iglesia recita el Padre Nuestro desde que Yo vine a la tierra, en el cual se pide que venga tu Reino, a fin de que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra, pero, ¿quién piensa en la petición que hacen? Se puede decir que toda la importancia de tal petición quedó en mi Voluntad, y las criaturas la recitan por recitarla, sin entender y sin interés de obtener lo que piden. Por eso hija mía, todo está escondido en el secreto mientras se vive sobre la tierra, por eso todo parece misterio, y si se conoce alguna cosa es tan escaso, que el hombre tiene siempre qué decir, a través de sus velos, sobre todo lo que Yo hago en mis obras, y llegan a decir: ¿Y por qué este bien, por qué estos conocimientos no han sido dados antes, mientras que ha habido tantos grandes santos? Pero en la eternidad no habrá secretos, Yo develaré todo y haré ver todas las cosas y obras mías con justicia, y que mi Justicia jamás podía dar este conocimiento si en la criatura no estuviesen los actos suficientes para poder dar lo que la Majestad Suprema quiere dar. Es verdad que todo lo que hace la criatura es gracia mía, pero mi misma gracia quiere encontrar el apoyo de las disposiciones y buena voluntad de la criatura. Por tanto, para restablecer el Reino de mi Voluntad sobre la tierra se necesitan los actos suficientes de la criatura, a fin de que mi Reino no quede en el aire, sino que descienda para formarse sobre los mismos actos de la criatura, formados por ella para obtener un bien tan grande. He aquí el por qué tanto te insisto en el girar en todas nuestras obras, Creación y Redención, para hacerte poner la parte de tus actos, tu te amo, tu adoración, tu reconocimiento, tu gracias sobre todas nuestras obras. Muchas veces lo he hecho Yo junto contigo, y además por cumplimiento, después de tu giro en nuestra Voluntad, tu estribillo tan agradable a Nosotros: ‘Majestad Suprema, tu pequeña hija viene ante Ti, sobre tus rodillas paternas, para pedirte tu Fiat, tu Reino, que sea por todos conocido; te pido el triunfo de tu Querer a fin de que domine y reine sobre todos. No soy yo sola quien te lo pido, sino que junto conmigo tus obras, tu mismo Querer, por eso a nombre de todos te pido, te suplico tu Fiat’. Si supieras cómo conmueve a nuestro Ser Supremo este tu estribillo, nos sentimos rogar por todas nuestras obras, suplicar por nuestro mismo Querer; Cielo y tierra doblan las rodillas para pedirnos el Reino de mi Eterno Querer. Por eso, si lo quieres, continúa tus actos, a fin de que una vez alcanzado el número establecido de ellos, puedas obtener lo que con tanta insistencia suspiras”. 

15-20 Mayo 2, 1923 Padre Nuestro

 15-20 Mayo 2, 1923

 Cuando el Fiat Voluntas Tua tenga su cumplimiento como en el Cielo así en la tierra, entonces vendrá el pleno cumplimiento de la segunda parte del Padre Nuestro. 

(1) Sentía mi pobre mente como perdida en la inmensidad del Eterno Querer, y mi dulce Jesús, hablándome sobre la Santísima Voluntad de Dios me ha dicho: (2) "Hija mía, ¡oh! cómo armonizan bien tus actos hechos en mi Querer, armonizan con los míos, con los de mi amada Mamá, y el uno desaparece en el otro y forman uno solo, parece el Cielo en la tierra y la tierra en el Cielo, parece el eco del Uno en los Tres y de los Tres en Uno de la Trinidad Sacrosanta, ¡oh! cómo suena dulce a nuestro oído, cómo nos rapta, pero tanto, de raptar nuestra Voluntad del Cielo a la tierra. Cuando mi Fiat Voluntas Tua tenga su cumplimiento como en el Cielo así en la tierra, entonces vendrá el pleno cumplimiento de la segunda parte del Pater Noster, esto es: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’. Yo decía, Padre nuestro, a nombre de todos te pido tres clases de pan cada día, el pan de tu Voluntad, que es más que pan, porque si el pan es necesario dos o tres veces al día, en cambio éste es necesario cada momento, en todas las circunstancias, es más, debe ser no sólo pan, sino como aire balsámico que lleva la vida, la circulación de la Vida Divina en la criatura; Padre, si no es dado este pan de tu Voluntad no podré jamás recibir todos los frutos de mi Vida Sacramental, que es el segundo pan que todos los días te pedimos; ¡oh! cómo se encuentra mal mi Vida Sacramental porque el pan de tu Voluntad no los alimenta, más bien encuentra el pan corrupto de la voluntad humana, ¡oh! cómo me da asco, cómo lo rehuyo, y si bien voy a ellos, pero los frutos, los bienes, los efectos, la santidad, no puedo darlos, porque no encuentro nuestro pan, y si alguna cosa doy es en pequeña proporción, según sus Volumen 15 25 disposiciones, pero no todos los bienes que contengo, y mi Vida Sacramental espera pacientemente que el hombre tome el pan de la Voluntad Suprema para poder dar todo el bien de mi Vida Sacramental. Ve entonces cómo el Sacramento de la Eucaristía, y no sólo éste, sino todos los Sacramentos dejados a mi Iglesia e instituidos por Mí, darán todos los frutos que contienen y tendrán pleno cumplimiento cuando el Pan Nuestro, esto es, la Voluntad de Dios, se haga como en el Cielo así en la tierra. Después pedía el tercer pan, es decir el material. ¿Cómo podía decir danos hoy nuestro pan, si el hombre debiendo hacer nuestra Voluntad, lo que era nuestro era suyo? El Padre no debía dar el pan de su Voluntad, el pan de mi Vida Sacramental, el pan diario de la vida natural a hijos ilegítimos, usurpadores, malos, sino a hijos legítimos, buenos, que tendrían en común los bienes del Padre, por eso Yo decía danos nuestro Pan, entonces comerán el pan bendito, todo sonreirá en torno a ellos, la tierra y el Cielo llevarán la marca de la armonía de su Creador. Después agregué: ‘Perdónanos nuestras deudas como nosotros las perdonamos a nuestros deudores’, así que también la caridad será perfecta, entonces será perfecto el perdón, tendrá la marca del heroísmo como la tuve Yo en la cruz; cuando el hombre coma el pan de mi Voluntad como lo comía mi Humanidad, entonces las virtudes serán absorbidas en mi Voluntad y recibirán la marca del verdadero heroísmo y de virtudes divinas, serán como tantos riachuelos que brotarán del seno del gran mar de mi Voluntad. Y si agregué: ‘Y no nos induzcas en tentación’, ¿cómo lo podría inducir Dios en tentación? Era porque el hombre es siempre hombre, libre por sí mismo, porque Yo no le quito jamás los derechos que al crearlo le di, y él, asustado y temiendo de sí grita en silencio, reza sin expresarse en palabras: ‘Danos el pan de tu Voluntad, a fin de que podamos rechazar todas las tentaciones, y en virtud de este pan líbranos de todo mal’. Así sea. (3) Ve entonces cómo todos los bienes del hombre reencuentran su reanudación, el vínculo estrecho del hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, la validez de cada acto suyo, la restitución de los bienes perdidos, la firma y la seguridad de que le viene dada nuevamente su perdida felicidad terrenal y celeste. Así que era tan necesario que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra, que Yo no tuve otro interés ni enseñé otra oración sino el Padre Nuestro, y la Iglesia, fiel ejecutora y depositaria de mis enseñanzas la tiene siempre en boca y en cada circunstancia, y todos, doctos e ignorantes, pequeños y grandes, sacerdotes y seglares, reyes y súbditos, todos me piden que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra. ¿No quieres tú entonces que mi Voluntad descienda sobre la tierra? Y así como la Redención tuvo su principio en una Virgen; no me concebí en todos los hombres para redimirlos, si bien quien lo quiere puede entrar en el bien de la Redención y recibirme cada uno para sí solo en el Sacramento, así ahora mi Voluntad debe tener su principio, la posesión, el crecimiento y el desarrollo en una criatura virgen, y después, quien se disponga y quiera entrará en los bienes que el vivir en mi Voluntad contiene. Si no hubiera sido concebido en mi amada Mamá, la Redención jamás habría venido; así, si no obro el prodigio de hacer vivir a un alma en mi Suprema Voluntad, el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra no tendrá lugar en las generaciones humanas". + + + +

32-30 Noviembre 10, 1933 ,

 32-30 Noviembre 10, 1933 

La Divina Voluntad no cambia ni acción, ni modo, lo que hace en el Cielo hace en la tierra, su acto es universal y único. Quien no vive de la Divina Voluntad, reduce al ocio al Artífice divino, y escapa de sus manos creadoras. 


(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que pensar en la Divina Voluntad, siento sobre mí una fuerza potente, que no me da tiempo a pensar y a querer otra cosa, sino sólo aquel Fiat que es todo para mí. Después pensaba entre mí: “¡Oh! cómo quisiera hacer y vivir de Voluntad Divina, como se hace y se vive en el Cielo”. Y mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho: (2) “Hija mía bendita, en mi patria celestial reina el acto único y universal, una es la Voluntad de todos, lo que quiere uno quiere el otro, ninguno cambia acción ni Voluntad, cada bienaventurado siente como vida propia a mi Querer, y con el tener todos una sola Voluntad, forma la sustancia de la felicidad de todo el Cielo. Mucho más que mi Divina Voluntad no sabe hacer, ni puede hacer actos interrumpidos, sino continuos y universales, y como en el Cielo Ella reina con su pleno triunfo y con la totalidad de su dominio, todos sienten como en naturaleza su Vida universal, y están llenos hasta el borde de todos los bienes que Ella posee, a lo más puede ser según la capacidad de cada uno, y del bien que han hecho en vida, pero ninguno podrá cambiar ni Voluntad, ni acción, ni amor. La potencia de mi Divina Voluntad tiene a todos los bienaventurados absorbidos, identificados, fundidos en Sí misma, como si fueran uno solo. ¿Pero crees tú que el acto universal de Ella se extiende sólo en el Cielo, y su Vida palpitante y comunicativa a cada criatura? No, no, lo que hace en el Cielo hace en la tierra, no cambia ni acción, ni modo, su acto universal se extiende a cada uno de los viadores, y quien vive en Ella siente su Vida Divina, su santidad, su latido increado, que mientras se constituye vida de la criatura, con su movimiento incesante se vierte siempre en ella, sin cesar jamás, y la feliz criatura que la hace reinar se la siente por todas partes, por dentro y fuera su acto universal la tiene circundada por todos lados, de modo que no puede ir fuera de mi Voluntad, y su continuo dar la tiene ocupada siempre en recibir, así que aunque lo quisiera no tiene tiempo de hacer o de pensar en otra cosa. Por eso la criatura puede decir y puede estar convencida, que como se vive en el Cielo, así ella vive en la tierra, sólo hay diferencia de Volumen 32 47 lugar, pero uno es el amor, una es la Voluntad, una la acción. ¿Pero sabes tú quién no siente la Vida del Cielo en su alma, y no siente el acto universal, la fuerza única de mi Voluntad? Quien no se hace dominar por Ella, no dándole libertad de reinar, ésta sí que cambia acción, amor, voluntad, a cada momento, pero no es mi Voluntad que cambia, Ella no puede cambiar, sino que es la criatura la que cambia, porque viviendo de voluntad humana no tiene virtud, ni capacidad de recibir el acto universal y único de mi Voluntad, y, pobrecita, se siente mutable, sin firmeza en el bien, siempre una caña vacía que no tiene fuerza de resistir a cada pequeño soplo de viento; las circunstancias, los encuentros, las criaturas, le sirven de viento para ponerla en giro, ahora para hacer una acción, ahora alguna otra, ahora a amar una cosa, ahora otra, y por eso se ve ahora triste, ahora alegre, ahora toda fervor, y ahora toda frialdad, ahora inclinada a las virtudes, ahora a las pasiones, en suma, en cuanto cesa la circunstancia así cesa el acto en ellas. ¡Oh! voluntad humana, cómo sin mi Voluntad eres débil, cambiante, pobre, porque te falta la vida del bien que debería animar tu voluntad, por eso la vida del Cielo está lejana de ti. Hija mía, no hay desgracia mayor, ni mal que merezca ser más llorado, que el hacer el propio querer”. (3) Después seguía pensando: “¿Pero por qué Dios tiene tanto interés en que se haga la Divina Voluntad? Y mi siempre amable Jesús ha agregado: (4) “Hija mía, ¿quieres saber por qué tengo tanto interés en que se haga mi Voluntad? Porque esta fue la finalidad por la que creé a la criatura, y no haciéndola me destruye la finalidad por la que la creé, me quita mis derechos que con toda razón y sabiduría divina tengo sobre ella, y se pone en contra mía, ¿no te parece grave que los hijos se pongan en contra del padre? Y además, Yo creé a la criatura para que fuese y formase la materia prima en mis manos para poderme deleitar y formar de esta materia mis más grandes trabajos y mis más bellas obras, a fin de que me sirvieran para adornar mi patria celestial, y recibir de ellas mi más grande gloria. Ahora, esta materia de la criatura se me escapa de mis manos, se pone en contra mía, y a pesar de tantas materias que he formado, no puedo hacer mis trabajos establecidos y me reducen al ocio, porque no estando mi Voluntad en ellas, no se prestan a recibir mis trabajos, se vuelven como piedras duras, que por cuantos golpes se les puedan dar, no tienen la suavidad de recibir la forma que se quiere dar, se rompen, se reducen en polvo bajo los golpes, pero no me es dado el formar el más pequeño objeto, y permanezco como aquel pobre artífice, que habiéndose formado tantas materias primas, oro, fierro, piedras, las toma en sus manos para formar las más bellas estatuas que había establecido, y estas materias no se prestan, más bien se ponen en contra de él y no le es dado desarrollar su bello arte, así que las materias sirven sólo para obstaculizar el espacio, pero no para cumplir sus grandes designios, y ¡oh! cómo le pesa el ocio a este pobre artífice. Así soy Yo, porque no estando mi Voluntad en ellas, no son capaces de recibir mis trabajos, no hay quién las vuelva blandas, ni quién las cueza para recibir mi virtud creadora y obradora, y si tú supieras qué significa saber hacer, poder hacer, tener materias para hacer, sin poder hacer nada, llorarías Conmigo por tanto dolor y por una afrenta tan grave; ¿te parece poco ver tantas criaturas que ocupan la tierra, y porque falta en ellas la Vida obrante de mi Voluntad, no me es dado desarrollar mi arte y hacer lo que quiero? Por eso lo que más te debe importar es hacer vivir sólo a mi Voluntad Divina en tu alma, porque sólo Ella sabe disponer a las almas para recibir toda la habilidad de mi arte, y así no pondrás a tu Jesús en el ocio, sino que seré el trabajador asiduo, para formar de ti lo que quiero”. “Deo Gratias Sempre ed in Eterno”

Vol. 6-82 (1, 3) Noviembre 18, 1904

 Vol.  6-82 (1, 3)  Noviembre 18, 1904

El Cielo de Jesús sobre la tierra son las almas que dan habitación a su Divinidad.

Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido mi adorable Jesús me ha dicho: “Hija mía, mi cielo cuando vine a la tierra fue mi Humanidad; 

y así como en el cielo se ven la multitud de las estrellas, el sol, la luna, los planetas, la amplitud, todo puesto en bello orden, 

y éste es imagen del cielo que existe por encima, donde todo está ordenado; así mi Humanidad, siendo mi cielo, debía traslucir fuera el orden de la Divinidad que habitaba dentro, es decir: Las virtudes, la potencia, la gracia, la sabiduría y lo demás.

Ahora, cuando el cielo de mi Humanidad, después de la Resurrección ascendió al Cielo empíreo, mi cielo sobre la tierra debía continuar existiendo, y éste son las almas que dan la habitación a mi Divinidad, y Yo habitando en ellas formo mi cielo y también hago traslucir fuera el orden de las virtudes que están dentro. ¡Oh, qué honor es para la criatura el prestar el cielo al Creador! Pero ¡oh, cuántos me lo niegan! Y tú, ¿no quisieras ser mi cielo? Dime qué quieres.”

Y yo: “Señor, no quiero otra cosa que ser reconocida en tu sangre, en tus llagas, en tu Humanidad, en tus virtudes, sólo en esto quisiera ser reconocida, para ser tu cielo y ser desconocida por todos.” Parecía que aprobaba mi propuesta y ha desaparecido.


lunes, 22 de enero de 2024

VOLUMEN 19

 (2) “Hija mía, el hombre fue creado por Dios con tres potencias: Memoria, inteligencia y voluntad, y esto para que pudiese tener los vínculos de comunicación con las Divinas Personas de la Trinidad Sacrosanta; éstas eran como caminos para subir a Dios, como puertas para entrar, como habitaciones para formar la continua morada, la criatura a Dios y Dios a la criatura.

Estos son los caminos reales del uno y del otro, las puertas de oro que Dios puso en el fondo del alma para que pudiera entrar la Soberanía Suprema de la Majestad Divina, la estancia segura e inmutable donde Dios debía establecer su celestial morada.

Ahora, mi Voluntad para poder formar su Reino en lo íntimo del alma, quiere encontrar en orden al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, estas tres potencias dadas a la criatura para elevarla a la semejanza de su Creador.

Mi Voluntad no saldría fuera de sus dominios si estas tres potencias del alma estuvieran en orden a Dios, y su reinar sería feliz y como connatural, porque con estar en orden a Dios estas tres potencias, tendrían el orden en sí mismas y fuera de sí, y el Reino de la Voluntad de Dios y aquél de la criatura no sería un Reino dividido, sino uno solo, y por lo tanto su dominio y su régimen sería uno solo. 

Mucho más que mi Voluntad no sabe reinar donde no hay orden y armonía, inseparable cualidad y propiedad indispensable de las Divinas Personas, y el alma jamás puede estar ordenada y armonizar con su Creador si no tiene sus tres potencias abiertas para recibir de Dios sus cualidades ordenadas, y sus propiedades armonizadas, de modo que mi Voluntad encontrando las armonías divinas y el orden supremo del Reino Divino y del reino humano, de ellos forma uno solo y reina en él con su pleno dominio.

¡Ah hija mía, cuánto desorden reina en las tres potencias del alma humana!  Se puede decir que nos han cerrado las puertas en la cara, que han puesto barricadas en los caminos para impedirnos el paso y romper con Nosotros las comunicaciones, mientras que estas tres potencias fueron el don más grande que le hicimos al crearla.  Estas tres potencias debían servir para comprender a Aquél que las había creado, para hacer crecer su semejanza, y transfundida su voluntad en la de su Creador darle el derecho de hacerla reinar.  He aquí el por qué el Supremo Querer no puede reinar en el alma si estas tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad, no se dan la mano entre ellas para regresar a la finalidad por la cual Dios las ha creado.  Por eso ruega a fin de que estas tres potencias regresen al orden y a la armonía de su Creador, para que así mi Supremo Querer pueda reinar con su pleno triunfo”.

viernes, 3 de noviembre de 2023

LEER SIEMPRE 11-12 Marzo 15, 1912

 11-12 Marzo 15, 1912

 Quien hace la Voluntad de Dios obra a lo Divino. La Divina Voluntad es la Santidad de las santidades.

 (1) Continuando mi habitual estado, me sentía un gran deseo de hacer la Voluntad Santísima de Jesús bendito, y Él al venir me ha dicho: (2) “Hija mía, mi Voluntad es la Santidad de las santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto fuera pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a pesar de los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que hayan hecho, es más, confrontándolos, las almas que hacen mi Voluntad son reinas, y todas las demás están como a su servicio. El alma que hace mi Voluntad parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen hacer los milagros, y quienes los hacen son sólo los canales, porque en ellas es donde reside la potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los héroes, el valor de los mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo demás, porque estando en mi Voluntad concurren a todo el bien que puede haber en el Cielo y en la tierra. He aquí porqué puedo decir que son mis verdaderas hostias, pero hostias vivas, no muertas, porque los accidentes que forman la hostia no están llenos de vida ni fluyen a mi Vida, en cambio el alma está llena de vida, y haciendo mi Voluntad fluye y concurre a todo lo que hago Yo, he aquí por qué me son más queridas estas hostias consagradas por mi Voluntad que las mismas hostias sacramentales, y si tengo alguna razón de existir en éstas, es para formar las hostias sacramentales de mi Voluntad. Hija mía, es tanto el placer que tomo de mi Voluntad, que al sólo oír hablar de Ella me estremezco de alegría y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta; imagínate tú misma qué será de aquellas almas que la hacen. Yo encuentro todos los contentos en ellas y doy todos los contentos a ellas, su vida es la vida de los bienaventurados, solamente dos cosas les interesan, desean, añoran: Mi Voluntad y el Amor. Poco tienen que hacer, mientras hacen todo, las misma virtudes quedan absorbidas en mi Voluntad y en el Amor, así que no tienen más qué hacer con ellas, porque mi Voluntad contiene, posee, absorbe todo, pero en modo divino, inmenso e interminable; esta es la vida de los bienaventurados”. + + + + 

35-40 Marzo 22, 1938

  35-40 Marzo 22, 1938  En cuanto la criatura se decide a vivir en el Divino Querer, todas las cosas se cambian para ella, y viene puesta en...