1788:
Para esto, el hombre se esfuerza por interpretar los datos de la experiencia y
los signos de los tiempos gracias a la virtud de la prudencia, los consejos de las
personas entendidas y la ayuda del Espíritu Santo y de sus dones.
El hombre tiene que "esforzarse en interpretar". La palabra "esfuerzo" no hay que reducirla a lo físico,
que también hay esfuerzos morales y de conciencia. De hecho uno de los mayores peligros que tenemos
es la "ligereza de conciencia": el tomarse a la "ligera" cuestiones que son serias.
Hay un trabalenguas que dice: "No hay mayor anormalidad que tomarse normalmente las cosas
anormales".
No es bueno invertir el grado de preocupación: con las cosas que son insignificantes, nos obsesionamos
con ellas, mientras que a las cosas importantes las estamos trivializando. Dicho de otro modo:
"dogmatizamos lo relativo y relativizamos lo dogmático". Esto suele ocurrir con bastante frecuencia.
2 h.c.
Catecismo 1786 -1789 Decidir en conciencia
En este "esfuerzo" el hombre interpreta los "datos de la experiencia", "los signos de los tiempos". Esta
expresión no es fácil de concretar, pero sería el cómo ve uno que se desarrollan las cosas. Popularmente
se diría: Hacia dónde van los tiros", hacia donde nos conduce esta situación.
No podemos pensar que eso de decidir e conciencia es sinónimo de encerrarte a solas contigo mismo. El
consejo forma parte de mi decisión de conciencia.
Tan malo sería la persona que pretende no decidir ella, sino que los demás decidan por ella; como que
decidiera de una manera "autosuficiente", sin contar con nadie, en la arrogancia de no necesitar de
nadie.
El "Consejo", es incluso una "obra de misericordia": "Dar buen consejo al que lo necesita". Eso supone,
por parte de quien lo recibe, tener humildad y aceptar todo aquello que le ayude a iluminar sus
oscuridades.
Esto de "dar consejo" y sobre todo cuando son correcciones personales: para poder corregir a una
persona hay que quererla mucho, y me tiene que importar mucho para atreverme a darle un consejo.
Habla en este punto de "personas entendidas".
Esto es algo evidente, pero no siempre lo hacemos. Cuando tenemos una duda por alguna cuestión, lo
lógico es que busque a alguien que me ayude de verdad, no buscar a alguien que me alague los oídos o
para que me confirme lo que yo quiero escuchar.
El consejo no implica obediencia, ni tampoco estoy pidiendo que alguien decida por mí. Por eso es
importante pedir consejo con una intención de buscar "limpiamente la luz y la verdad".
Recuerdo que un joven, que estuvo mucho tiempo en mi parroquia, y en un momento determinado me
dijo que había perdido la fe: "¿Ahora me dices eso a mí, que soy tu párroco?", ¿A quién has preguntado
cuando tenías dudas de fe…?, ¿al portero de la discoteca…?.
Es decir hay que buscar el consejo de una persona entendida.
Y también dice: la ayuda del Espíritu Santo y de sus dones. Que por cierto el "don de consejo" es uno de
los dones del Espíritu Santo.
Los "dones" Dios los da en la medida que los deberes de "estado" lo requieren. Cuando Dios nos pone
en determinadas responsabilidades: por ejemplo un padre que tiene a unos hijos a los que tiene que
aconsejar. Ese padre y esa madre Dios les da un don especial del Espíritu Santo para aconsejar, y para
poder decidir bien. Uno tiene que confiar en la Gracia, porque Dios no solo te dice lo que tienes que
hacer, sino que también te asiste con su gracia.
Esa asistencia del Espíritu Santo la tenemos que invocar con frecuencia para que nos sostenga y nos
ilumine.
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