NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
NOVENO DÍA
LA PERSEVERANCIA
“Estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomas respondió: « ¡Señor mío y Dios mío!
Juan 20, 29
Última súplica de nuestra novena
Jesús, en tus manos resucitadas y extendidas en mi dirección, deposito mi vida y te concedo, mi Señor y mi Dios, plena libertad para que dispongas de mí según tu santa voluntad.
Dame la gracia de la fidelidad total hasta el último instante de mi vida y seré estaré eternamente agradecido. Amén.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico la gracia de ser fiel hasta el fin.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina la novena rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
OCTAVO DÍA – LA MADRE
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Juan 19, 25
Súplica del octavo día de la novena
Jesús, tu madre, que fue la primera en verte, tomarte en brazos y besar tus manitos en Belén, fue también la primera en ver, tomarte en brazos y besar tus manos adoradas, atravesadas y ensangrentadas, cuando te depositaron sin vida, en su regazo.
Acepto hoy llamarla "madre mía", deseando que ella este conmigo, conduciéndome de la mano, ahora y en la hora de mi muerte, como siempre estuvo conmigo. Amén.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico la presencia maternal de María junto a mí.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento.
Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces.
Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora.
Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo.
Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas.
Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible.
Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme.
¡Ven, Señor Jesús!
Termina el día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
SÉPTIMO DÍA –LA CRUZ
Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. E l velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró. Lucas 23
Súplica
Jesús, hoy entendí por qué abrazaste con tanto amor tu cruz. Es que a través de ella probabas tu amor eterno por mí, y conquistabas, bajo el precio de tu Preciosísima Sangre, mi salvación. Con ayuda de tus manos llagadas, a partir de ahora, quiero abrazar también con amor mi cruz, pues entendí que sólo a través de ella podré ser eternamente feliz contigo.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de tu Sangre Redentora, suplico la gracia de soportar mi cruz de cada día.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
SEXTO DÍA EL ALIMENTO
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo». Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.
Mateo 26, 26
Súplica
Jesús, mi corazón desborda de gratitud porque, aun sabiendo que jamás tendría merecimiento para recibir tal gracia, tú te haces alimento en el altar, ofreciéndote a mí por las manos del sacerdote y ministros, extensión de tus manos generosas. Dame la gracia de siempre buscarte con ardor, para que yo no desfallezca en el medio de la jornada, rumbo a tu encuentro.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico que jamás me falte el pan de vida.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
QUINTO DÍA LA SANACIÓN
Cuando salieron de Jericó, mucha gente siguió a Jesús.
Había dos ciegos sentados al borde del camino y, al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».
La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».
Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: « ¿Qué quieren que haga por ustedes?».
Ellos le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».
Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Inmediatamente, recobraron la vista y lo siguieron.
Mateo 20,29
Súplica
Me coloco hoy también en tu camino para suplicar: Jesús, Hijo de David, ¡ten piedad de mí! Señor, vuelve a mi tu mirar y mira como mi cuerpo, mi mente y mi alma necesitan urgentemente de sanación. Impone sobre mi tus manos milagrosas y realiza esta sanación profunda y total que tanto espero para poder servirte más y mejor. Amén.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico mi sanación profunda y total.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora.
Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas.
Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
CUARTO DÍA LA PUREZA
“Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.”
Mateo 19, 13-15
Súplica
Jesús, vuelve tu mirar a mi infancia, cuando solo había pureza en mí. Dame de nuevo aquel corazón puro.
Contigo sé que eso es posible. Con tus manos purísimas, purifica mi interior y devuélveme la alegría de hacer de este pobre corazón tu morada. Amén.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de tu Sangre Redentora, suplico que purifiques mi corazón.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
TERCER DÍA EL PERDÓN
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?”. Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».
Juan 8, 3ss
Súplica
Jesús, como la pecadora de este evangelio, necesito muchísimo de tu perdón. Con tus manos benditas, toca ahora y transforma mi corazón, tan duro como esas piedras en las manos de los fariseos, en un corazón de carne, que sepa perdonar porque fue perdonado por Ti. Amén
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre redentora, suplico tu perdón y la gracia de aprender a perdonar.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento.
Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces.
Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora.
Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo.
Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas.
Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible.
Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme.
¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
SEGUNDO DÍA LA HUMILDAD
"Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: « ¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."
Juan 13
Súplica
Jesús, Tú sabes que poco disponible estoy para el servicio, y cuánto deseo ser servido. No quiero seguir siendo así. Con tus manos humildes, arranca todo el orgullo que todavía me impide lavar los pies de los otros, especialmente de aquellos más cercanos a mí.
Amén.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico que aumentes el don del servicio.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
NOVENA A LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE JESÚS
PRIMER DÍA LA FE
“A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».
Mateo 14, 25 ss.
Súplica
Jesús, fuertes olas de desesperación envisten contra mí. Aumenta mi fe porque estoy con miedo de hundirme en el mar de la angustia y el dolor.
Como lo hiciste con Pedro, te suplico que me extiendas tus manos poderosas y, con autoridad de Hijo de Dios, órdenes al mal que se aparte de mí ahora y para siempre.
Amén.
Repite con mucho fervor, 12 veces:
Jesús, por el poder de Tu Sangre Redentora, suplico que aumentes mi Fe.
Oración de sanación para ser repetida cada día.
Jesús coloca tus manos benditas ensangrentadas, llagadas y abiertas sobre mí en este momento. Me siento completamente sin fuerzas para seguir cargando mis cruces. Necesito que la fuerza y el poder de tus manos, que soportaron el más profundo dolor al ser clavadas en la cruz me levanten y me curen ahora. Jesús, no pido solamente por mí, sino también por todos aquellos que más amo. Necesitamos desesperadamente de sanación física y espiritual a través del toque consolador de tus manos ensangrentadas e infinitamente poderosas. Reconozco, a pesar de todas mis limitaciones y de la infinidad de mis pecados, que es Dios, Omnipotente y Misericordioso quien actúa y realiza lo imposible. Con fe y total confianza puedo decir: Manos ensangrentadas de Jesús, Manos heridas allí en la Cruz, ven a tocarme. ¡Ven, Señor Jesús!
Termina el primer día rezando un Padre Nuestro y una Gloria para agradecer las gracias y milagros que serán realizados a través de las manos ensangrentadas de Jesús en esta Novena.
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